Las últimas reflexiones de Mario Soria Galvarro Aguayo, dictadas desde su lecho de enfermo.
Horas antes de partir, don Mario dictó estas reflexiones a una de sus hijas. Llevaba años enfrentando un cáncer doloroso, pero se mantuvo lúcido hasta el final.
Lúcido y conectado no solo con su maravillosa y numerosa familia, sino también con su tierra, Santa Cruz; y con su país, Bolivia.
El viernes por la tarde aún daba indicaciones a la familia, compartió oraciones con quienes le rodeaban y tarareó canciones, ensayando incluso algún amague de baile, como si la vida siguiera reclamando su lugar.
Estas líneas —anotadas con premura desde su lecho de enfermo en el Hospital del Corazón, en Barretos, São Paulo— recogen su última meditación sobre el país.
Don Mario deja un testimonio de coraje y un legado que ilumina, como un horizonte que no conoce límites, a quienes luchan contra el cáncer y a quienes creen en la dignidad de vivir hasta el último instante.
Horizonte fallido
Mario Soria Galvarro Aguayo (*)
La necesidad es un reto, y la visión es el abanico de posibilidades en el que el ser humano ejerce su discernimiento.
El Estado boliviano ha atravesado distintas fases en las que tuvo oportunidades para alcanzar un marco de desarrollo y consolidar un proceso nacional orientado al bienestar del pueblo. Esas oportunidades, lamentablemente, se han desperdiciado.
Han pasado más de dos décadas desde la llegada al poder de Evo Morales. Durante ese tiempo, la ciudadanía depositó en su gobierno una misión y una visión orientadas a impulsar el desarrollo de la sociedad mediante la planificación y la construcción de un crecimiento armónico. Se esperaba que Bolivia pudiera competir con sus países vecinos y consolidar una democracia sostenible, base fundamental de todo proceso social, político y económico al que aspira una nación.
Pero ese horizonte no se alcanzó.
El resultado ha sido un quiebre entre el Estado y la sociedad, que ha colocado al país en un desfase respecto de otras naciones que avanzan hacia un desarrollo sostenido. También se ha debilitado el impulso necesario para fortalecer la ciencia y la tecnología, ámbitos imprescindibles para el progreso contemporáneo.
Tampoco se cumplieron las metas que debían orientar el trabajo con las nuevas generaciones. La Constitución señalaba caminos claros en distintos campos para fortalecer la formación y el porvenir de la juventud, pero hoy el país enfrenta una pesada deuda —económica, institucional y estratégica— que amenaza el futuro de quienes vendrán.
Si no se logra encaminar un nuevo sistema de desarrollo, Bolivia corre el riesgo de quedar rezagada entre las naciones de la región. Superar este estancamiento exigirá al menos un quinquenio de trabajo serio, basado en el aprovechamiento responsable de los recursos naturales y estratégicos del país.
De lo contrario, la brecha con nuestros vecinos seguirá ampliándose y la deuda —externa, colectiva y generacional— pesará cada vez más sobre las futuras generaciones.
(*) Nació en Santa Cruz de la Sierra en 1942. Politólogo cruceño, Diplomado en Altos Estudios Nacionales, conferencista y escritor, fundador del Club de Caza y Pesca de Santa Cruz, socio activo del Club Social 24 de Septiembre. Benemérito de la patria por su actuación contra la guerrilla de Ñancahuazú.
