La culpa no es de Andrea

Por Maggy Talavera / Periodista

Andrea Barrientos terminó pagando el costo político de un discurso que no inventó. Me refiero al famoso 50-50, promesa de campaña del presidente Rodrigo Paz.

Andrea renunció el pasado viernes al viceministerio de Autonomías, después de soportar críticas muy duras, incluidas declaratorias de “persona no grata” y exigencias al presidente para que la destituyera.

Una renuncia que deja una escena política enrarecida y que merece mirarse con un poco más de calma. En lo personal, me deja un sabor amargo por las circunstancias en la que se presenta.

¿Andrea Barrientos dijo algo realmente distinto a lo dicho antes por el presidente Rodrigo Paz sobre los tiempos y condiciones para cumplir la promesa del 50-50?

No, no dijo nada distinto. Si uno revisa las declaraciones hechas por Andrea sobre el tema, en especial las dos que causaron revuelo sobre todo en Santa Cruz, y las realizadas por el presidente, verá que la línea es exactamente la misma.

La primera de esas declaraciones fue la que hizo el 19 de febrero, sobre eso de que no era nomás repartir la plata, sin definir corresponsabilidad. “El presidente ha sido claro: no se trata aquí de tomen la plata y ustedes vean qué hacen”, comienza la declaración de Andrea que le valió, entre otras cosas, la declaratoria de “persona no grata” por parte de la dirigencia cívica cruceña.

Una afirmación que ya la había hecho antes el presidente Paz, al menos en dos ocasiones: en diciembre del año pasado y en enero del presente año. Es más, el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, también se pronunció sobre el tema a finales de 2025.

La segunda declaración de Barrientos y que alimentó el ataque en su contra fue la que hizo el lunes pasado, sobre el plazo estimado para poner en ejecución el 50-50: “entre 3 días, 5 semanas o 10 años”, dijo entonces.

Nada que no hubiera dicho antes el presidente Paz. En enero, manifestó que el 50-50 era “un sueño” que esperaba se hiciera realidad “al final de la gestión (2030)”. Un mes antes ya había afirmado: “No hay nada qué repartir… será un proceso gradual”.

Es decir, la línea política la definió el presidente, no Andrea.

Por eso resulta difícil entender que toda la presión haya recaído sobre una viceministra y no sobre el principal responsable del tema. ¿O alguien cree que a ella se le ocurrió decir lo que dijo, de espaldas a las directrices del mando mayor?

Si hay algo que cuestionar —imprecisiones, falta de claridad, dudas o contradicciones sobre el compromiso autonómico (y las hay, de sobra)— es al presidente Paz y no a una funcionaria subalterna.

¿Quién prometió cumplir con el 50-50, al día siguiente de tomar juramento, y no lo hizo?

¿Quién decidió eliminar el Ministerio de Autonomías y rebajarlo a un viceministerio, dependiente nada menos que del Ministerio de la Presidencia?

¿Quién eligió a Barrientos para que ocupara el cargo?

Todas las respuestas conducen a un nombre: Rodrigo Paz.

¿Por qué, entonces, las voces que arrinconaron a Barrientos por un par de declaraciones hechas a tono con las del presidente, no se dejaron oír frente a él?

¿Por qué no le reclamaron, de frente, el haber designado como viceministra de Autonomías a quien descalificaron por “carecer de idoneidad para dirigir” la cartera y tener “una posición claramente centralista”?

Esa también fue una decisión presidencial. ¿Por qué no plantear la pregunta incómoda, pero necesaria, sobre la existencia o no de una vocación descentralizadora en el Ejecutivo?

Insisto: si hay alguien a quien reclamar por lo ocurrido, es al presidente, no a Barrientos. Ella no inventó la línea del 50-50. La repitió.

Y retomo la pregunta: ¿los que vociferaron contra Barrientos tienen escucha selectiva?, ¿reconocen algunas voces e ignoran otras?, ¿o simplemente siguen el juego político del cinismo burdo y descarado?

No se trata de salir en defensa de Barrientos —tarea que debió cumplir el Gobierno, y no lo hizo—, sino de dejar en claro que se castigó a quien repitió la línea, salvando al que la definió. ¿O alguien realmente cree que las declaraciones de Barrientos —“irresponsables y centralistas”— contradicen el “compromiso presidencial con el 50-50”, como lo afirmó el gobernador cruceño?

A las pruebas me remito.

Esto, más que un debate serio sobre el 50-50, parece nomás otra escena de cinismo político.

Santa Cruz de la Sierra, 9 de marzo de 2026