Por Leticia Sainz (*)
Hace mucho que me llama la atención el nivel de las coberturas en tiempos de conflicto. Muchos medios y también colegas se limitan a mostrar el lado violento o cruento de los hechos, pero muy pocos a explicarlos. Se sabe bien que, para resolver un problema, lo primero es entenderlo. Debiera ser tarea inexcusable de los medios –lo que los diferencia de la abundante información falsa de las redes– explicar ese origen porque allí está el principio de solución.
Me complace ver la cobertura de Maggy Talavera, Mery Vaca, Mario Espinoza y Junior Arias que buscaron, cada quién en su estilo, esa explicación de fondo. La primera con Renzo Abruzzese; la segunda con Rafael Archondo y otra vez Renzo; Mario con Franklin Pareja y Junior con Félix Patzi. Todos ellos estudiosos de la sociología y de la sociedad.
Unánimemente coinciden en afirmar que Rodrigo Paz está ante el dilema de un cambio profundo en el manejo del poder. No solamente debe cerrar el ciclo pernicioso de los años del MAS sino dar inicio a uno nuevo. Sin Revolución, como en el 52, y con votos, él o cualquier otro ganador de la contienda se habría visto frente al mismo dilema. Cerrar un ciclo político y abrir otro con las complejidades correspondientes. Y el asunto no solamente está en entender el punto crucial, sino en actuar en consecuencia.
Una democracia inclusiva de verdad frente al sistema racista y excluyente que cultivó el MAS; un equipo de colaboradores que refleje esa inclusión y que permita tener voces plurales a la hora de definir políticas públicas; y una visión de país que, en su gobierno de transición, siente las bases para seguir avanzando. Parece simple pero no lo es. Naturalmente, esto no pasa por cambiar a tal o cual ministro sino por entender la magnitud del desafío.
Yo, desde mi sitio de espectadora interesada, creo sinceramente que Rodrigo Paz y su equipo saben que este es el quid de la cuestión y, por la misma razón, no comparto esos pedidos de estado de sitio, mano dura o imperio de la ley que pregonan algunos. “Los partos son dolorosos”, como dijo hace poco Jaime Paz Zamora refiriéndose justamente a esta parte del momento político; y a nadie, con un poco de cordura, se le ocurriría comenzar a pedirle a una mujer en trabajo de parto que no grite o manifieste de alguna manera sus profundos dolores.
(*) Periodista
