La devaluación no basta: el verdadero desafío es construir una moneda competitiva

La verdadera pregunta ya no es si la devaluación era inevitable. La pregunta es si Bolivia está dispuesta a convertir este cambio en el inicio de una nueva política económica.

Por Carlos Jahnsen Gutiérrez

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1. El fin de una ilusión cambiaria

La decisión del Banco Central de Bolivia (BCB) de abandonar el régimen cambiario prácticamente fijo constituye, probablemente, la decisión de política económica más importante de los últimos quince años. No porque una devaluación resuelva por sí sola los problemas económicos del país, sino porque reconoce el agotamiento de un modelo que había dejado de ser sostenible.

Durante casi década y media el tipo de cambio permaneció inalterado mientras la economía se debilitaba, perdía competitividad y navegaba sin rumbo. Disminuyeron las exportaciones de gas, cayeron las Reservas Internacionales Netas, el déficit fiscal se volvió estructural, surgió un mercado paralelo de divisas y el país dejó de generar suficientes dólares para sostener el precio oficial. El tipo de cambio dejó de reflejar la realidad económica y pasó a convertirse en un precio político cuya defensa consumía reservas y deterioraba la confianza en el boliviano.

La nueva paridad —de 6,96 a 9,73 bolivianos por dólar— representa una depreciación nominal cercana al 40 %. Era una corrección necesaria. Pero la historia económica demuestra que ningún país se desarrolló únicamente porque devaluó su moneda. Los países exitosos utilizaron el tipo de cambio como parte de una estrategia mucho más amplia.

La verdadera pregunta, entonces, ya no es si la devaluación era inevitable. La pregunta es si Bolivia está dispuesta a convertir este cambio en el inicio de una nueva política económica.

2. El tipo de cambio no es un precio cualquiera

La teoría económica tradicional suele presentar el tipo de cambio como el precio de una moneda. Sin embargo, desde la Teoría Monetaria de la Producción de John Maynard Keynes y los desarrollos posteriores del economista alemán,  Hajo Riese, el tipo de cambio cumple una función mucho más profunda: organiza los incentivos de toda la economía.

En una economía monetaria de producción, las empresas no invierten porque existan recursos disponibles; invierten cuando esperan obtener beneficios monetarios. Y esa rentabilidad depende, entre otros factores, del tipo de cambio.

Por ello, un régimen flexible, como elegido ahora por el BCB,  no constituye una estrategia de desarrollo por sí mismo. Todo depende de su objetivo.

Si la flexibilidad significa dejar que el mercado determine permanentemente el valor de la moneda, difícilmente modificará la estructura productiva. Pero si permite preservar un tipo de cambio real competitivo, evitando nuevas sobrevaluaciones, puede reorganizar la inversión, fortalecer las exportaciones y estimular la producción nacional.

Eso hicieron Alemania, Japón, Corea del Sur y China. Ninguno trató el tipo de cambio como una variable pasiva. Lo utilizaron como parte de una estrategia nacional de desarrollo.

3. ¿Es el boliviano ahora una moneda estratégicamente subvaluada?

La respuesta es todavía no. El nuevo nivel de 9,73 Bs/USD corrige una sobrevaluación acumulada durante varios años, pero corregir una sobrevaluación no equivale a adoptar una política de subvaluación estratégica.

Una estimación económica razonable —basada en la depreciación nominal, la inflación esperada y la evolución de las monedas de los principales socios comerciales— sugiere una subvaluación real inicial de entre 5 % y 10 % respecto al promedio ponderado de esos socios.

¿Por qué solamente entre 5 % y 10 %, si la devaluación nominal fue cercana al 40 %?

Porque una parte importante de esa depreciación simplemente compensó la pérdida de competitividad acumulada durante años de tipo de cambio fijo. Además, varios socios comerciales ya habían depreciado sus propias monedas o mantenían estructuras de costos más competitivas.

En otras palabras, Bolivia no pasó de una moneda sobrevaluada a una moneda fuertemente subvaluada. Pasó de una moneda claramente sobrevaluada a una moneda apenas moderadamente competitiva.

Y esa diferencia es fundamental.

4. La inflación decidirá si esta reforma tiene éxito

Aquí aparece el verdadero desafío. El tipo de cambio que determina la competitividad internacional no es el nominal, sino el tipo de cambio real.

Si Bolivia mantiene durante varios años una inflación cercana al 18 % o 20 %, mientras Brasil, Perú, Chile o China registran inflaciones de entre 2 % y 5 %, la ventaja obtenida con la devaluación desaparecerá rápidamente.

Cada año, los costos internos crecerán más que los de sus competidores y el boliviano volverá a apreciarse/sobrevaluarse en términos reales, aunque el tipo de cambio nominal permanezca sin cambios.

Eso significa que producir volverá a ser relativamente más caro, exportar perderá rentabilidad e importar recuperará atractivo.

La historia volvería a repetirse. Bolivia será nuevamente un país consumidor y deudor.

Por el contrario, si Bolivia logra reducir gradualmente la inflación hasta un solo dígito y posteriormente aproximarla a niveles cercanos al 3 %, similares a los de sus principales socios comerciales, la competitividad ganada con la nueva paridad podrá mantenerse durante muchos años.

Esa fue precisamente la estrategia seguida por las economías asiáticas.

No consistió únicamente en devaluar. Consistió en impedir que la inflación destruyera la competitividad obtenida.

5. El verdadero cambio de rumbo

Desde la perspectiva de Keynes y el economista alemán, Hajo Riese, el BCB no fijó deliberadamente una moneda estratégicamente subvaluada; corrigió una sobrevaluación que había dejado de ser sostenible. Esa era una condición necesaria, pero está lejos de ser suficiente.

Si Bolivia aspira a una transformación semejante a la de Alemania, Japón, Corea o China, deberá preservar una moneda moderadamente subvaluada, consolidar la disciplina fiscal, reconstruir las reservas internacionales y reducir de manera sostenida la inflación hasta niveles comparables con los de sus principales socios comerciales.

Solo entonces el tipo de cambio dejará de ser un mecanismo de emergencia para convertirse en una verdadera política de desarrollo.

La decisión del BCB puede marcar un antes y un después. Pero únicamente si representa mucho más que un cambio cambiario. Debe convertirse en la evidencia de un cambio de rumbo en la política económica boliviana.

Porque el verdadero problema de Bolivia nunca fue solamente el precio del dólar. Fue haber perdido durante demasiados años la capacidad de construir una economía productiva y competitiva. La devaluación abre una oportunidad histórica.

Pero esa oportunidad solo se convertirá en desarrollo si el país comprende una lección que Keynes y Hajo Riese formularon hace décadas: las economías no prosperan porque devalúan una vez; prosperan cuando construyen un orden monetario estable que haga rentable producir, invertir, innovar y exportar durante décadas.